¿Qué hace la curiosidad en este —y cualquier— mercado? Brinda herramientas. Para seguir creciendo, para entender las necesidades de un cliente, para que mejores tu empresa, para comprender qué están haciendo otras agencias, y qué está sucediendo en el mercado.

Aunque tu empresa ya tenga muchos años en este mercado y la experiencia te dicte cómo hacer muchas cosas, el camino se vuelve ripioso cuando pierdes la curiosidad.

Algo que la pandemia nos enseñó es que todo está en constante cambio y, frente a esta incertidumbre solo podemos construir pequeñas certezas. La curiosidad es una de ellas: abre caminos nuevos e inexplorados para problemas actuales. Se puede ser curioso en solitario, pero siempre necesitaremos a alguien que nos ayude a develar los misterios que se nos presentan, las dudas que tenemos.

La curiosidad se despierta y, lo que no se conoce, se aprende en contacto con otros seres humanos, mucho mejor si son colegas que sabrán entender a la perfección lo que nos devela, nos angustia, nos entusiasma, nos causa un interés sorprendente.

Es un motor para conocer otros puntos de vista, generar nuevas asociaciones, conversar sobre temas que nos deslumbran, conocer otras personas, ponerse en contacto con empresas con distintas experiencias. Casi siempre, un buen lugar para eso son los eventos que reúnen a muchas personas con un mismo interés.

La curiosidad que se despertaba en el pasillo de una feria de turismo o hablando con un colega. Las dudas o ideas que se compartían en el cóctel de algún stand o en un café rápido con ese colega que hacía tiempo no veías. Todo lo que sucede en una feria presencial también sucede —de otras formas y con otros matices— en la virtualidad.

El consejo al oído de quien admiras, el secreto profesional de tu agencia amiga, el dato que tiene ese proveedor que tanto aprecias, la información que se le ocurrió recordarte porque te ve después de tantos meses, el contacto que te comparte por la pregunta que le hiciste, el plan que armaron entre colegas después de una conversación larga sobre la industria, la esperanza que se contagiaron mutuamente solo por hablar un rato de la profesión que los apasiona y que comprenden a la perfección. Cuando dos personas de una misma profesión inician una conversación sobre su industria sucede todo esto. Las conversaciones son una excelente manera de ejercer la curiosidad. Especialmente si esas conversaciones son en el marco de eventos que reúnen a colegas de otros países con un mismo objetivo: que la industria que los cobija siga creciendo y siga brindando todo tipo de emociones.

Otros modos de ejercer la curiosidad tienen que ver con la lectura, leer medios de otros lugares, leer revistas de viajes, de economía y hasta de jardinería. A veces, muchas veces, leer sobre temas que nos son ajenos también incitan nuestra curiosidad y nos dan una gran idea para nuestras empresas.

Seguir formándose también es otra opción. Hacer cursos de aquello que capte tu interés, aprender o practicar otros idiomas, llevar un diario para volcar ideas o pensamientos matinales, salir de la rutina aunque sea en un contexto de confinamiento: cocinar algo distinto, germinar una semilla, tomar una clase de un nuevo deporte.

De la curiosidad surgió el microondas, el velcro, las cerillas, los rayos X y los chips de papas. Imagina todo lo que puede surgir de la próxima edición de Travel Blast. ¿Qué puede brindarle a tu empresa una dosis de curiosidad diaria?

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